viernes, marzo 24, 2006

El pensador mas rapido del Oeste

Sorprende, hoy día, que haya tanta gente que sepa hablar de tan variadas cosas. Se expresan con seguridad, con movimientos y gestos perfectos,…, hasta sus facciones se ajustan a una verdad que no tiene discusión, a una razón sin vuelta de hoja y a un discurso detrás del cual no existe cabida alguna a la duda.

El sociólogo Pierre Bordieu los bautizó como fast thinkers. Fabricantes de réplicas magistrales, son capaces de hablarte de la esencia del caracol, pasando por los errores de Zapatero y los perjuicios de la clonación para los diabéticos. Ningún tema escapa a estos seres, incapaces de guardar silencio aunque no tengan la menor idea de lo que se habla. Y lo cierto es que su presencia se multiplica en la pantalla, en la radio, la prensa, las calles...

A menudo puede ocurrir que sepas mucho de un tema y te encuentres con alguien que te hace una réplica que te deja sorprendido. Amigo, si sientes una especie de escalofrío, lo más seguro es que te acabes de encontrar con un fast thinker: un pensador rápido. Pero, si profundizas en el tema, si sigues hablando de éste y entras en detalles con el personaje, verás que ese inicial aserto no era más que una frase superficial que impresiona, que gusta sin alimentar, pero que se pierde con el primer soplo de viento. Tocado por encima el primer tema, el pistolero de las palabras irá pasando de asunto en asunto, poniendo las cosas “en su sitio”. Y, lo peor de todo, es que estos individuos suelen tener siempre una inocente y desapercibida audiencia. “Qué bien habla este chico/a”, afirman los que les aplauden y los ensalzan en su triunfo diario. Y con esto siguen, día a día, dando lecciones a sus apóstoles diarios…

Tampoco se nos pide que seamos doctores en una materia para discutir sobre ella, pero que, al menos, no la convirtamos en un vehículo para nuestra vanidad y un simple modo de llamar la atención. La comunicación, en cualquier dimensión, es un intercambio de ideas para mejorar nuestro conocimiento, no contaminemos también ese espacio. Para conseguirlo, el señor Presidente bien podría crear un parque comercial o un hotel en la Isla Perejil, allí llevaríamos a todos los pensadores rápidos que, día y noche, no pararían de charlar entre sí, y, creando conocimiento sobre conocimiento, inventando tan ingeniosas como ignorantes máximas, serían felices y comerían perdices; y nosotros, con ello, también.

El cuarto oscuro