Disney: un imperio que reacciona
La estrategia anunciada por el holding Disney (fábrica de fantasías para los más pequeños, hoy convertida en propietaria de grandes filiales, como la potente cadena de televisión ABC) de permitir descargar parte de su programación por Internet puede entenderse como un ejemplo de cómo las grandes empresas están respondiendo a los movimientos contestatarios del consumidor en los últimos años. Los avances de la informática, la bajada de los precios de algunos productos (grabadoras, entre otros) y la extensión de Internet, con sus múltiples posibilidades, han permitido durante un tiempo una libertad de movimientos que ha terminado por revelarse como perjudicial para algunas corporaciones. Las descargas de programas y la piratería parecen haber empezado a pasar factura a las cuentas de resultados de los grandes gigantes de la comunicación, que han comenzado a pensar en cómo defenderse.
La iniciativa de la cadena de televisión ABC, siguiendo las instrucciones de Disney, pretende paliar el perjuicio que las descargas individuales están causando a los beneficios de la productora.
El consumidor o público, al descargar individualmente los episodios de las series, encuentra mucho más sencillo evitar la publicidad –condición imprescindible para la existencia de los productos televisivos-. Para asegurarse de que los espectadores no se pierden estos bloques de anuncios, Disney ha decidido realizar una huída hacia delante: permitirá la descarga de sus productos, pero estos vendrán acompañados por su publicidad, esta vez, inseparable e ineludible. De este modo, Disney pretende adelantarse a la libre voluntad del consumidor, ofreciéndole la posibilidad de una descarga <>, que beneficie a todos y no perjudique a ninguno.
Visto el proyecto, la todopoderosa productora puede estar siguiendo una estrategia de doble penetración en el mercado, que probablemente sea copiada en breve por sus rivales. La programación tradicional (televisiva) se mantiene, pero, a ésta, se añade la que se ofrece por Internet, que comienza un día después de la televisiva. El proyecto parece contar con apoyos importantes: algunas de las más poderosas empresas no han tardado en ofrecerse como anunciantes para esta modalidad de programación.
Estas estrategias nos muestran la adaptabilidad de las empresas al cambiante entorno: obsesivamente atentas a los movimientos de los consumidores, desplegarán las estrategias necesarias para conservar o, en el mejor de los casos, ampliar su mercado potencial y real. Detrás de todo, la lógica del beneficio: más anunciantes, más ingresos. Para favorecer esta ecuación, toda una ingeniería comercial que encontrará hasta el último hueco, la mínima estrategia defensiva del consumidor –que no ciudadano- será cubierta por un producto nuevo. Todo atisbo de libertad desde el punto de vista del consumidor será observado como un inconveniente, o bien, transformado en un innovador producto que consumir, acabando con el problema.
Estas estrategias nos muestran la adaptabilidad de las empresas al cambiante entorno: obsesivamente atentas a los movimientos de los consumidores, desplegarán las estrategias necesarias para conservar o, en el mejor de los casos, ampliar su mercado potencial y real. Detrás de todo, la lógica del beneficio: más anunciantes, más ingresos. Para favorecer esta ecuación, toda una ingeniería comercial que encontrará hasta el último hueco, la mínima estrategia defensiva del consumidor –que no ciudadano- será cubierta por un producto nuevo. Todo atisbo de libertad desde el punto de vista del consumidor será observado como un inconveniente, o bien, transformado en un innovador producto que consumir, acabando con el problema.



3 Comments:
Maravillosa la imagen del Tío Gilito... Me quito el sombrero de copa ante ello :)
Joya
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Jejeje, era un personaje estupendo. ¿Quién no lo recuerda saltando sobre una gran piscina de monedas?
Un saludo
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