¡Y por el…!
En la necesaria y obligada respuesta al anuncio ¡Feliz 2005! –oscura tempestad temida por los (un año más y los que quedarán) lamentables presentadores de las Campanadas- me gustaría comentar algo además de esta mera frivolidad y producto exclusivo del peculiar carácter español. Para los que no pasamos la pelota sin observarla, vimos que esta inocente broma podía decir mucho más de lo que pretendía por sí misma. Más allá de una convención que poco dividía, atrevida y conformista al mismo tiempo, oportunísima y respondona, observamos un ya avanzado fenómeno comunicativo revolucionario y de escala mundial.
Algunos de nosotros, después de comprobar el enorme alcance que tuvo esta frase, evocamos el mismo momento en la década anterior –en 1995 nadie temió felicitar el nuevo año-, y, no hallando nada que se le acercara mínimamente, nos hicimos algunas preguntas: ¿No conocíamos la rima consonante por entonces? ¿No contábamos con ese don de la rapidez y la oportunidad, esencia del buen sentido del humor? Lejos de eso: el cinco ha sido siempre un número explotado en constantes bromas y chistes, y su lógica es atemporal. El factor diferenciador reside en que la conectividad a Internet era, por entonces, ínfima en nuestro país –siempre receptor osmótico y tardío de todo avance tecnológico-, y estaba reducida a unos círculos, llamémosles poco democráticos o populares: profesionales, especialistas,…, en definitiva alejados del concepto actual de usuario.
La puesta en común de esta rima a tan alta velocidad no hace sino demostrar el poder actual, entre otros, del medio Internet, y la enésima confirmación de la preponderancia de una nueva sociedad: la sociedad del conocimiento, de las comunicaciones. Demostraciones, entre otras, como las del 13-M –la verdad sobre su trascendencia no la conoceremos nunca, por fortuna- no hacen sino verificar el poder de los nuevos soportes para la transmisión de ideas. Teniendo en cuenta todo esto, la futilidad del texto reproducido exponencialmente este invierno no debe distraernos de algo mucho más importante y definitivo: una nueva era y un nuevo poder, más difuso y escurridizo.
El cuarto oscuro
Algunos de nosotros, después de comprobar el enorme alcance que tuvo esta frase, evocamos el mismo momento en la década anterior –en 1995 nadie temió felicitar el nuevo año-, y, no hallando nada que se le acercara mínimamente, nos hicimos algunas preguntas: ¿No conocíamos la rima consonante por entonces? ¿No contábamos con ese don de la rapidez y la oportunidad, esencia del buen sentido del humor? Lejos de eso: el cinco ha sido siempre un número explotado en constantes bromas y chistes, y su lógica es atemporal. El factor diferenciador reside en que la conectividad a Internet era, por entonces, ínfima en nuestro país –siempre receptor osmótico y tardío de todo avance tecnológico-, y estaba reducida a unos círculos, llamémosles poco democráticos o populares: profesionales, especialistas,…, en definitiva alejados del concepto actual de usuario.
La puesta en común de esta rima a tan alta velocidad no hace sino demostrar el poder actual, entre otros, del medio Internet, y la enésima confirmación de la preponderancia de una nueva sociedad: la sociedad del conocimiento, de las comunicaciones. Demostraciones, entre otras, como las del 13-M –la verdad sobre su trascendencia no la conoceremos nunca, por fortuna- no hacen sino verificar el poder de los nuevos soportes para la transmisión de ideas. Teniendo en cuenta todo esto, la futilidad del texto reproducido exponencialmente este invierno no debe distraernos de algo mucho más importante y definitivo: una nueva era y un nuevo poder, más difuso y escurridizo.
El cuarto oscuro


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