lunes, mayo 29, 2006

Dos premios que nos saben a poco… a nosotros

Cada cuatro años y, durante varios meses, somos acribillados por la prensa, por especialistas que, con muy buenos argumentos, nos prometen que España tiene posibilidades de ganar el mundial de fútbol. Somos conscientes de que nunca pasamos de cuartos de final, pero, aun así, la repetición del mensaje nos hace acabar dudando: no tenemos malos jugadores, quizás si nos toca Ucrania, Etiopía o Tanzania…, pero lo peor que podemos oír para terminar de confundirnos es que somos favoritos. Este anuncio activa nuestra imaginación y, al oírlo, nos vemos directamente ganando la final del campeonato. Cuando esta gesta no se culmina (es decir, siempre), justificamos la derrota de cualquier manera para olvidar los acontecimientos lo antes posible…, hasta la próxima vez que se produzcan…

Algo similar ha ocurrido con Pedro Almodóvar en el Festival de Cannes. El manchego partía como favorito y se mantuvo en ese puesto hasta la recta final del festival, o, por lo menos, eso nos recalcó con fuerza la prensa española, los programas de cine y los artículos escritos en Internet, entre otros. Pero parece que toda esta información no llegó a convencer a Wong Kar-wai y a sus colegas del jurado, que acabó otorgando al español el Premio al Mejor Guión e, innovando con un nuevo galardón, le concedió también el Premio a la Mejor Actuación Femenina Conjunta.

Ken Loach ha sido el ganador de la Palma de Oro ¿Alguien sabía que el director inglés lleva 10 años participando en Cannes? Probablemente no, ya que ahora nos centraremos en lamentar lo que mucho que Pedro se merecía el máximo galardón, que, para nuestra sorpresa, acapara el excelente director británico… La alegría de las actrices de Volver y la del propio director serían, a nuestro parecer y al de la crítica, una humilde y educada manera de aceptar la derrota.

Parece ser que todos los reconocimientos que ha acumulado Almodóvar este año han hecho que los dos premios en Cannes nos sepan a poco; pero era tal el convencimiento de que la película española ganaría la Palma de Oro, que nos queda más una sensación de haber perdido un premio, que de haber dejado de ganarlo.

Como ya advirtió el director español, es “la maldición del favorito”

lunes, mayo 22, 2006

Profeta en su tierra

El cineasta manchego, Pedro Almodóvar, ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2006. Este premio pasa a engrosar el extenso palmarés del director, en el que encontramos más de 40 galardones.
Este reconocimiento, de gran prestigio internacional, ha sido acogido con gran sorpresa y entusiasmo por parte del director, que ha mostrado su parte más humilde al manifestar que no se cree merecedor de este premio. Almodóvar se ha mostrado también temeroso, pues afirma sentirse en la obligación de realizar futuros proyectos que ratifiquen las esperanzas depositadas en él.
Pedro Almodóvar es el quinto director de cine, junto a Luis García Berlanga, Fernando Fernán Gómez, Vittorio Gassmann y Woody Allen, que recibe este premio desde su primera edición en el año 1981 y, según palabras del propio Almodóvar, “este premio compensa todos los vacíos, y tapa todos los agujeros, si es que hubiera alguno, con respecto a los premios nacionales”.

De estas declaraciones se deduce claramente la tirantez que el director mantiene con la Academia de cine español (a pesar de sus cuatro Goya), sintiéndose poco valorado por la institución, y en múltiples ocasiones por la crítica cinematográfica de este país.

La figura polémica de Pedro Almodóvar ha ido fraguándose poco a poco desde sus inicios cinematográficos, mostrándonos su personal visión de las cosas y sabiendo que su obra no cuenta con la complicidad del amplio público. Pero a pesar de todo esto, sus dieciséis películas realizadas lo han consagrado dentro del panorama nacional e internacional... ¿por qué no iba a ser un digno poseedor del Príncipe de Asturias?

Al igual que sus homólogos premiados, el creador ha tenido altibajos a lo largo de su carrera, lo cual es totalmente normal, ya que en el mundo del cine no existe “una receta que contenga el éxito asegurado”, pero quizás sí se tratara éste del “momento Almodóvar”, considerando que el autor se encontrara en un momento de madurez creativa y que cada vez tuviera más definida su propia visión de las cosas que quiere hacer llegar al público.

Un aspecto que consideramos a su favor es que pone de manifiesto en cada uno de sus proyectos sus orígenes y sus raíces culturales, sin entrar en la dinámica de las “superproducciones”, que tan de moda están últimamente y que arrastran a una gran multitud de público frente a historias más cercanas, que, por el contrario, tienen un efecto menos multitudinario.

El director se sigue manteniendo fiel a su estilo a pesar de un importante handicap al que se enfrenta hoy en día el cine español: “todo lo que viene de fuera nos parece mejor”

Parece que hemos asumido (casi como algo propio de la cultura española) que en España siempre somos los últimos en enterarnos de las cosas, siempre al final de la cola, y que, para que alguien triunfe en nuestro país, primero tiene que ser reconocido internacionalmente.

Quizás haya llegado el momento de ser capaces de valorar por nosotros mismos lo que tenemos, sin la necesidad de veredictos externos y, por supuesto, empezar a confiar un poco más en lo nacional, dándole un voto de confianza, aún sabiendo que existe la posibilidad más castigada por todos: la de equivocarse.
No debería ser tan complicado que uno fuese “profeta en su tierra”.
Pero, ¿qué más ocurre cuando te dan un premio? Además de ser el momento perfecto para que colegas y profesionales alaben este merecido reconocimiento, es una posibilidad estupenda para hacerte publicidad, y si esto ocurre un par de días antes de un estreno a nivel internacional, ten por seguro que se notará en las cifras de asistencia. “Volver” ha batido todos los records que tenía Pedro Almodóvar en Francia convirtiéndose así en un gran favorito para Cannes, aunque según anunció el director, Voy con espíritu de perdedor. Ya he sido favorito y no me han dado el premio. Aún así nosotros creemos que los premios llaman a los premios, y este puede ser el gran año de Pedro Almodóvar.

domingo, mayo 14, 2006

La foto, el discurso, y ¡a otra cosa!


El poder político ha querido siempre utilizar el cine como un arma de propaganda. Y no sólo en épocas difíciles, en tiempos de guerras. Durante los años sesenta, en pleno Desarrollismo, se propició el impulso del Nuevo Cine Español, una hornada de directores que, apadrinados –y debidamente controlados- por los estamentos de poder, tuvieron la oportunidad de realizar múltiples obras. Detrás de esta iniciativa se encontraba la intención de un gobierno de mostrar a Europa un país modernizado, creativo, algo distinto de la imagen que éste había proyectado hasta entonces. De paso, el apoyo a los nuevos cineastas sirvió para marginar aún más a los directores disidentes como Bardem y Berlanga, entre otros. Años después, en un contexto político muy distinto, el confuso fenómeno de la movida (en el que también se incluyó el cine) fue capitalizado por los socialistas para anunciar que España había pasado, de la noche a la mañana, del medievalismo nacional-católico a la más avanzada modernidad. La entrada en la Unión Europea no ha supuesto, sin embargo, un punto final a esta intención de mostrar a Europa y al mundo lo culturalmente avanzada que se encuentra nuestra tierra.

A cuento de esta reflexión vienen las diáfanas declaraciones de nuestra Ministra de Cultura, Carmen Calvo, a raíz de la entrega del Premio José María Forqué. Este galardón, en honor del fallecido director de cine, padre de la actriz Verónica Forqué, cumple su undécima edición y se concede a la mejor película del año anterior por sus características técnicas y artísticas. Además, tiene como objetivo premiar al productor de la obra. La película premiada ha sido la triunfadora de los premios Goya, La vida secreta de las palabras, de Isabel Coixet, galardonada en otros muchos certámenes. En ausencia de la directora, su productor Agustín Almodóvar fue el encargado de recoger el premio.

Como en todo acto público, contamos con la presencia de un representante del Ejecutivo que destaca con alguna preparada declaración lo más positivo del acontecimiento. En este caso, Carmen Calvo animó al cine español a realizar un gran esfuerzo ya que lo consideraba “imprescindible para ofrecer una imagen moderna de nuestro país”. Podemos intuir que esa “imagen moderna” que la Ministra quiere que nuestro país proyecte puede traducirse en un mayor interés turístico, un aumento de inversiones y otros acuerdos comerciales, pero, ¿repercutirá en una mejora de nuestro cine? ¿Se plantea el Ejecutivo tomar las medidas necesarias para apoyar la producción propia en nuestro país para que esa perseguida imagen se multiplique en los próximos años?

Para los políticos en el poder, el cine español –como cualquier otra dimensión de nuestra sociedad- estará pasando siempre por un gran momento. Pero de ahí hay que pasar a ser críticos (lo cual es nuestra responsabilidad) y plantearnos si las ayudas que se otorgan al cine y al audiovisual en general son suficientes y están inteligentemente implementadas. La Vida Secreta de las Palabras ha sido, de las películas triunfadoras estrenadas el año pasado, una de las que menos recursos publicitarios y mediáticos ha utilizado para promocionarse, a pesar de lo cual ha conseguido un éxito enorme. Parece fácil terminar una gala con un discurso autocomplaciente, dejando un halo de esperanza para producciones futuras. Pero, si de ahí no sale ninguna medida, seguiremos abocados a éxitos coyunturales, discursos grandilocuentes y políticos que, sin servir para nada, nos seguirán diciendo, como ya estamos más que acostumbrados, que todo va muy bien.